La visión de la tecnología debe tener una dimensión diferente a esta tradicional, convencional y pesimista. La tecnología debe ser percibida de forma más positiva, como generadora de valor indiscutible porque es capaz de reducir costes y aumentar ingresos. Si, ambas cosas.
Como por ejemplo: reducir los costes facilitando la actividad de una buena parte de los empleados en sus labores administrativas y, por tanto, mejorando su productividad; impulsando la comunicación con clientes y proveedores a través de Internet y, por tanto, mejorando los procesos comerciales (vendiendo más) de abastecimiento y logísticos; realizando labores que antes únicamente podían llevarse a cabo manuablemente y, por tanto mejorando las operaciones productivas, etcétera. En todos estos ejemplos podríamos realizar un análisis coste-beneficio para llegar a cuantificar de forma objetiva el valor aportado por las diferentes iniciativas tecnológicas que podrían llegar a materializarse, lo que sería una medida del valor directo (y valor económico) que la tecnología aporta a la empresa.
Por último, quiero resaltar que en compañías con una cierta dimensión en términos de facturación o empleados se descubre fácilmente la opinión de sus directivos respecto al papel de la tecnología observando sin más el organigrama de la misma y la posición relativa del departamento de Sistemas de la Información.